martes, 12 de septiembre de 2017

El faro

 






   Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo, sin aliento. Ella echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos. Deja que la brisa marina inunde sus pulmones, la llene de vida, la haga creerse joven. El viento revuelve sus cabellos y un mechón le cosquillea la nariz. Pasa la lengua por sus labios, los siente salados. Abre los párpados: la luz del atardecer la deslumbra. Mira hacia abajo, y la zarandea el vértigo. Él, temiendo que emprenda el vuelo, la sostiene por la muñeca. Ella lo mira burlona, con una sonrisa entre tierna e irónica, que se transforma en carcajada de gozo cuando él deja un leve beso en la punta de su dedo corazón.

   A lo lejos, dos veleros rivalizan por alcanzar el horizonte. Uno remolonea cabizbajo; el otro coge velocidad como si quisiera darle ánimos. Ellos los contemplan; se miran; asienten.

   Una gaviota planea sobre la playa como si quisiera descifrar el mensaje que dejaron sus pisadas en la arena. Ellos sí conocen el significado de cada huella.

   Unos meses antes contemplaban el faro desde la casa en la que viven. El ojo del cíclope los atraía como un sueño imposible. Durante meses, se esforzaron por reafirmar sus pasos vacilantes. Había días que sólo lograban caminar unos metros por la playa. Otros, les fallaban las fuerzas antes de ponerse en pie.

   Siempre bajo la vigilancia del faro.

  Él sentía cada retroceso como una derrota. Ella vivía cada avance como una victoria. Él perdía la esperanza de alcanzar algún día su destino. Ella estaba segura de que lo conseguirían.

  Hoy han llegado hasta aquí, hasta lo alto del faro. Sin miedo, sin aliento. Él pasa de los noventa años. Ella pronto cumplirá ochenta y seis.
 
 
 
 
 
 
Ejercicio realizado para el grupo "Nosotras escribimos" a partir de las frases Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo de La Extranjera: Nuria Amat.